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Amor perdido

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Lo mío nunca fue jugar a vivir. La vida parece un juego en determinadas etapas de la vida, sin embargo, los dedos de tus manos son como naipes colándose por todas las rendijas del destino.

Si te paras a pensar en el ayer, encuentras siempre decisiones equivocadas, acciones sinceras y mal interpretadas, pensamientos fugaces llevándote a ningún sitio, y también, brazos fortalecidos, lágrimas bautizadas en un largo atardecer, tristezas esperanzadas en amaneceres de piel fría.

Y como no, encuentras el amor perdido de él, en los brazos de cualquier mujer, a la que consideró mejor que tú, y te queda la sensación de saber, que nunca nadie podrá ya, quitarte todo el amor que te queda.

Ayer me escapé al amanecer, lo hice para acariciar al asfalto áspero que tantas veces aparece en mis relatos, para sentir la primera luz del día, el primer calor del sol, para olvidarme del neón artificial al que usé muchas veces y que nunca me escuchó, me olvidé de la luna llena de aquella playa, y creo que acabo de aprender a decirte adiós.

Ya no me abruma la soledad, ni me atrapa tu distancia, incluso el asfalto se atreve a acariciarme en silencio.

Qué bello es el amanecer, me trae otros ojos, sin saber porqué.

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!Sobre el blog

Si la lluvia cesa y no te has ido, sabrás en qué ventanas escondo el sol.

 

Keka Sánchez

Creative Commons License

 

La cultura se manifiesta a través de la sensibilidad y creatividad.

Un ejemplo con este vídeo...la elegancía de las sombras.

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Diez años no es nada.

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Fuimos quizás, cómplices del dolor por unos segundos.

Soy capaz de recordar vagamente el impacto del 11 M. Recuerdo mi móvil sonando, llamadas y sms de amigos y amigas que fuera de Madrid, al ver la noticia pensaron en mí, recuerdo mi impotencia al no poder ir a Atocha a ayudar, ya que el día anterior el día 10, supe que estaba embarazada de mi segunda hija, y no me dejaron ir.

Recuerdo lo que lloré sola y encerrada en mi casa, recuerdo el abrazo que le di a mi hija la mayor cuando la recogí del colegio.

Pero lo que nunca podré olvidar, es el 12 M.

En Madrid el silencio era sepulcral. Por la calle, en las tiendas, en el metro; ausencia total de palabras, y si alguien hablaba lo hacía en voz baja, y sin embargo, nunca los desconocidos éramos capaces de mirarnos a los ojos de aquella manera.

Es increíble ahora, cuando piensas los motivos por los que sucedió todo aquello, darte cuenta que miles de vidas se quedaron atrapadas en la estupidez de algunos dirigentes, que ahora siguen llamando la atención a su manera.

Somos gotas de vida capaces de evaporarse en un segundo, somos presas del paso del tiempo; diez años no son nada si nos hemos dedicado a trabajar y ver crecer a nuestros hijos, pero diez años son siglos de sufrimiento, si hemos perdido parte de nuestra vida y futuro en ellos.

En estos casos odio la poesía, y me resbala la prosa, supongo que en estos casos, la realidad habla por sí sola.

Escribo tarde, lo sé, pero el luto todos los años para mí es mañana, el 12 M; ese día fue cuando de verdad entendí al silencio, jamás imaginé que la ausencia de palabras, pidiera a gritos a la soledad, una caricia efímera y eterna al mismo tiempo.

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En El Bosque

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Fui hacia el bosque con la intención de encontrarme con la soledad y el silencio, abrazado por la oscuridad de la noche.

No me di cuenta enseguida, pero era capaz de ver mis pasos machacando hojas secas, la luna llena dominaba el paisaje, y yo quise correr y gritar al mismo tiempo.

Nada en mi paso lento delataba la prisa de mi emoción por escapar, y al mismo tiempo dominar al silencio únicamente roto, por la caricia del viento entre ramas y hojas secas alfombrando los caminos recorridos.

Era consciente de la soledad encontrada, del silencio escondido, de la nostalgia atrapada entre mi movimiento y la inmensidad del bosque, acogiéndome con sus olores y colores ocres de otoño.

Creí que un árbol le pedía a mis píes silencio. Me paré para verle de cerca, y dejé que me abrazará. Escuché el murmullo del río, idioma inconfundible del agua llegando hasta lo más profundo de la emoción; el agua habla, a veces te miente por compasión, lo hace por amor a ti y a todo aquello que puedes entregar, y que no siempre das, sufre como tú, y por eso muere entre tus dedos cuando intentas acariciarla.

Sentí tus pasos mientras sentía frío, y pensé que el silencio de la noche se burlaba de mí, y al volver mi rostro, te vi intentando entender mi soledad en el bosque.

No deseaba traicionar al silencio, no pronuncié palabra.

Mi emoción gritó, después escapó.

Y tu cuerpo no me dejó llegar al final de mi camino, tus manos fueron más fuertes que mi deseo de escapar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Cristal

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Tras un cristal, la vida pasa reflejada a cada movimiento.

Galopan nubes oscuras, lucha el sol contra el ocaso, grita el océano tu nombre, el asfalto se cubre de huellas robadas, la vida se esconde en cada corriente.

Cuando los recuerdos se atreven a asomarse, el pasado da bofetadas sin mirar al horizonte, tu mirada es la diáfana transparencia que nunca pude alcanzar, el atardecer se convierte en tu perfil, y la noche por fin, te habla de mí.

Después cuando el día no sabe qué decir, me nace en las manos la esencia de este mismo instante, y mañana también será recuerdo perdido tras un cristal.

Cristal guardando el recuerdo de un próximo amanecer, y yo, reflejada en cada instante.

 

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Lucía

 

Lucía como arte en palabras vanas. Podemos cerrar los ojos y perdernos en las cuerdas de toda una vida, encerradas en una sencilla guitarra.

Los recuerdos se repiten, se adueñan del pasado, sucumben ante al amor, antes del desamor, después del mañana, y también en la interpretación de las notas cansadas de una mirada.

Cuando una vida se va, unos ojos se cierran a la luz de la mañana, a los colores del atardecer nunca descritos en la puerta del fin de todo aquello que te entregué; se mueren las huellas del siguiente amanecer, se esconden las miradas robadas al atardecer, se va la oportunidad de volverte a ver.

Se queda el poso del aliento envuelto entre los dedos, se movían cuando hablaban con los sentimientos, nacían las notas, se abrían las llamas de lo nuestro, de la pasión, del arte, del desamor enredado entre las cuerdas tensas de una guitarra que si has sabido entenderla una sola vez, siempre seguirá gritando.

No existe un adiós, si sabes decir hasta luego, o hasta siempre.

 

 

 

 

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No te Vas

 TAGS:Eres como la rama cortada y seca del invierno.

Intentas colarte en la primavera de mi emoción, por las rendijas del pasado que ya no soy capaz de recordar.

Vienes cuando sabes que el tiempo de quererte caducó, llegas con tu mejor arma, la mirada, y aunque no te vas, ahora ya sé caminar más allá de tus ojos.

Eres como la guitarra que nunca aprendí a tocar, y sin embargo, sus cuerdas me acarician el alma aunque tú no estás.

 

 

 

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Volver a verte otra vez

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Nada más puedo hacer, si al pensarte con sentimientos callados, no soy capaz de gritarle al atardecer con el eco de tu voz.

Como si nada me deslizo entre mis huellas por el placer de dejarme llevar, y veo aquel amor hablador y silente al mismo tiempo, dueño de una parte enorme de mi corazón, cómplice del idioma del viento con los arbustos, amigo del color del río que atrevido al mirarnos, nos robó la inocencia del primer beso.

Creo en un instante estar muy lejos de mi vida, sin mirar atrás me veo oculta de todo lo que al aproximarse me mueve a ras del suelo, al límite del pasado, al alcance de mis sueños, al dolor de tu adiós, a la emoción de volver a verte otra vez.

En unos segundos pasas, me dices ven y vete al mismo tiempo, me evaporas sin compasión entre dulzura de sentimientos que nadie puede ver; no quiero tenerte y te veo, no te miro y te tengo, te quiero y te alejas, ya no te pienso, ahora te olvido, y en un momento tus ojos se cruzan entre mi mirada, y en el amanecer eterno de todo lo que siento.

Sé que cuando amo así, soy difícil de leer, habrá almas que al dormirse no entiendan mi idioma, y sé que nacerán miradas deseosas de volver a esta página y entender al mundo que nunca llora, ése mundo tan lejano a mí, al que nunca imploro un sueño sin cumplir.

De pronto nace el silencio, y un sueño ignora la oscuridad de una noche más…

Me enredas en tu amanecer.

Volver a verte otra vez…Volver a verte otra vez.

 

 

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Huecos

 

 

Pude abrir mis manos y esconderte en el hueco de todas las huellas que has ido dejando…

 

…No lo hice porque no escuchaste al mar cuando te habló de mí.

 

La brisa a esas horas de la madrugada luchaba por hacerse sentir. Le pasaba lo que a ella, cuando caminando por la templada arena, no conseguía hacerse entender con el mundo exterior.

 

La noche anterior se había sentado en las rocas para sentir la fuerza del océano, su olor salino, el ruido intenso abrazando su soledad, y los recuerdos escapando entre los huecos de su silencio, subieron hasta sus ojos provocando con unas lágrimas, tener un acto bautismal en el mar que un día les unió.

 

No le escuchas cuando te habla de mí, yo le oigo aunque no le tenga cerca, me dice que pudiste hacerme feliz, pero me olvidaste cuando más te necesitaba; lloré entonces, prefiero no verte ahora.

 

Todos estos pensamientos se escapaban mientras el mar esperaba su llegada, y cerrando los ojos fue capaz de dibujar el amanecer perfecto, y lo era porque nunca lo pasaba junto a él.

 

La arena templada comenzó a quemar, sus pies resistían, el hueco de sus manos se llenó con la voz del océano.

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Esperanza

 

 

Ya nació la esperanza de volver a ver la nieve, las luces rodean la ciudad, hay sueños a punto de extinguirse… risas de niños negándose a desaparecer, sonrisas de adultos esbozadas con dificultad; níveos tejados en mis sueños, regalos esperando a ser recibidos al acariciar la realidad, aromas de encuentros, lágrimas de ausencias, nostalgia de lo que pudo ser contigo y nunca fue, aprender a decirte adiós en silencio al saber que nunca te tendré.

 

Los árboles siguen cobijando a las sombras, hay cosas que siguen sin cambiar aunque suenen campanas festivas, no se adormecen los recuerdos dolientes, no encuentra trabajo el hombre, ni tampoco la mujer que desean agasajar a sus hijos; qué les pregunten a ellos por el slogan publicitario de los grandes almacenes por excelencia de éste país, cuando aseguran que por muy poco se cumplen todos los sueños…

 

…Por favor, que les regalen los almacenes un cheque de esperanza de valor ilimitado, que yo no puedo.

 

Está claro que a partir de ahora nos seduce la esperanza, ella es la protagonista en política, en economía…hemos decidido dar un giro a nuestros votos, deseamos escuchar menos conversaciones ajenas de dramas; están en el metro, en la carnicería, en nuestra comunidad de vecinos, estamos deseosos de vivir y poder dormir felices por las noches.

 

Por mi parte, escribo estas letras a mis lectores y lectoras, para asegurarles que necesito intuir su tranquilidad en estas fiestas, y también cuando pasen.

 

El silencio no implica olvido, la ausencia no es soledad, la esperanza sustituye a la preocupación.

 

Os deseo lo mejor.