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Candados en el viento (III)

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Candados en el viento (III)

Volvió un nuevo verano. Renació el retorno de sentimientos que habían dormido y crecido a pesar de la ausencia.

Planes en la estación estival, una llamada y de pronto otra vez su voz.

Entre ilusiones escondidas en las palabras, emoción en la voz y el deseo oculto en un futuro encuentro, en el corazón sólo quedó grabado: Iré, nos encontraremos.

El mar se presentó en mi presencia. Por las noches se habían roto los candados que sujetaban el viento. Él apareció con su sonrisa reflejada en sus ojos, mientras el mar nos amaba a los dos.

Los amaneceres eran serpientes que nos enredaban con los sentimientos reposando entre sábanas desconocidas.

Un domingo nos escapamos recorriendo kilómetros de emociones. Nos acogió una playa desierta, que esperaba nuestros cuerpos para dejar nuestras huellas envueltas entre besos y caricias, que nunca han muerto en el recuerdo.

Allí en aquella playa sentí al cielo cómplice del deseo, a las olas testigos del tiempo que queda grabado en tu piel, al sol marcando cada centímetro de emoción.

Se asomó la luna y nos recordó que habría un nuevo amanecer. Un amanecer que resbalaba en una despedida.

Un adiós volvió a nacer. Se marchó de nuevo con su sonrisa. Se llevó todas las caricias que todavía hoy, fermentan en su piel.

Se paró la brisa. Empezaron a morir las olas en la orilla de sus besos.

Se cerraron los candados en el viento que acarició nuestra historia de amor.

Y él mi primer amor, nunca muere en el recuerdo.

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Comentarios Candados en el viento (III)

Ourf...
Tanto trabajo por intentar no desangrarte... y sigue clavando su pez, como diría Lorca, en las entrañas de tu sensibilidad.
Sólo puedo decir eso: ourf.. 
Gracias cielo. Es un relato dedicado a mi primer gran amor. Hace unos días y por pura casualidad tuvimos una conversación...después escribí esto.
Un besote guapa. 
anna anna 11/06/2007 a las 21:26
Ay, los primeros amores...
Qué delicia para quienes podemos recordarlos con ternura. 
Y qué dulce es poder mantener el contacto a lo largo de las vidas que un día parecieron inseparables.
Hoy él es mi hermano, mi incondicional(¡pese a que me sigue poniendo de los nervios a veces!) y no, esas cosas no se olvidan.
Un abrazo. 
Otro abrazo para ti Cumbre.
anna anna 12/06/2007 a las 17:19

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