Avisar de contenido inadecuado

La luna me dijo

{
}
Luna rozando el agua
 

Anoche en un lento transitar de las horas la luna me hablaba. Ella me habló de su agónica quietud mientras ve instantes perdidos en el mar, o más allá de él. Me contaba las soledades acumuladas al pasar el tiempo de los hombres y mujeres, que ajenos a su presencia siempre han creído que ella no es risueña.

Pero ella ríe cuando los niños la señalan e imaginan la vida de sus entrañas, cuando los enamorados miran y, le regalan esos besos que después nunca se olvidan.

Me contaba que una vez en la orilla de una playa desconocida, un hombre descansó de las huellas que la vida había dejado en su silencio. Le vio acercarse allí donde ella dejaba deslizar su luz para coqueta peinarse en el reflejo del agua. El hombre dejó descansar su soledad al píe de un acantilado al que también ella acariciaba con su influjo. Le vio deshecho de tristezas y enredado en múltiples recuerdos. Pero ella se alimentó de su presencia, le miró con mucha claridad en una noche que ella radiante, se mostraba llena. Y le sedujo porque ella es mujer.

Se enamoró de su mirada perdida en el horizonte, se enamoró porque al encontrar su luz, se quedó enganchado de su contorno. No le abandonó cuando al salir el sol, el hombre no tuvo celos de su calor.

Ella dormitó al cobijo del sol y esperó. Esperó volver a encontrar esos ojos que dieron color a su nívea existencia. Se encerró en los minutos que le hacían crecer a pesar de sentirse tan llena, navegó en la sensación mística y terrenal del beso, que nacía mientras las estrellas eran testigos de su eterna presencia.

Y el sol se celó con un grito ahogado cuando al esconderse miró sus ojos.

La orilla de la playa yacía entre rumores del viento. El acantilado estaba vacío de soledades y silencios. El hombre sólo dejó sus huellas prendidas en la arena.

Y ella envuelta en la luz de sus estrellas, empezó a sentirse más pequeña. El sol celoso empezó a cubrir lentamente su cuerpo con un lienzo radiante de calor, pero frío de sentimientos. Ella empezó a desfallecer y supo que nuevamente volvería a crecer.

Y entonces su luz brillaría un poco más. En ella se había quedado la mirada perdida, y un silencio enamorado de la soledad de la brisa, que él también respiró.

 

{
}
{
}

Deja tu comentario La luna me dijo

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre