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Manos clavadas

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Mis manos, clavadas en la pared arañan tu egoísmo.
Tú, das la espalda a los clavos que me hieren
yo, de frente le doy un revés al desdén.
Tus ojos ya son, los cerrojos de la parte de mi cuerpo
que aquella vez te estudio en el diáfano espacio creciente entre los dos.
Los espacios mueren entre tu vida y la mia, tu boca germina en las palabras hirientes
que aplastan mi sensibilidad de mujer.
Mis pies cuelgan al borde del desamor, y tú, te encadenas
en el ego que ha crecido en tu interior.
Abro la ventana que no alcanzas, los clavos caen al baúl de recuerdos que nos separa.
Me dispongo a abrir la puerta del deseo que me falta,
me preparo a recibir otras manos que acaricien el cuerpo que tú, dejaste helado
después de varias madrugadas.
Y ahora silencio, nace un nuevo sentimiento.

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Comentarios Manos clavadas




Que esas manos te devuelvan por un momento el calor que  tu piel necesita acompañada de los rayos del sol que penentran cada día por los poros de tu piel sin que te hayas dado cuenta, de que si sigues en la sombra, jamás podrás sentir  esa luz que hará brillar tu cara.
Besos reina del corazón








keka Keka 26/01/2007 a las 18:06
Después del silencio, siempre nacen sentimientos. Permite a esas manos sentir más allá del desdén. Permítete a ti misma sentir.
Un pack de besos
Toni Toni 29/01/2007 a las 20:16
Querida Keka las sombras se disipan,cada vez más y espero que las manos de las que hablo me sepán encontrar.
Besitos guapa.
anna anna 30/01/2007 a las 13:11
Toni, siempre me alegra mucho verte aquí en mi blog. Esas manos ya no me pueden hacer sentir, y el desdén está junto a ellas, pero no junto a mí. Y aprendo a permitirme a mi misma sentir, con la ayuda de grandes personas como tú.
Bs.
anna anna 30/01/2007 a las 13:16
No caigas al desamor ni te mantengas al borde, eso seria la muerte de tu corazon, si no hay amor sirve de algo cualquier cosa que hagas?
Por cierto, quien es capaz de darte la espalda cuando unos clavos hieren a alguien como tu es un insensato.
También me encanto leerte 
Gracias locuelo, no dejo de creer en el amor te lo aseguro, es lo mejor que tenemos y podemos dar cada uno de nosotros.
Gracias por venir.
Bs.
anna anna 20/02/2007 a las 15:36
Estimada Ana, Soy Jose, un chico de 27 años de Córdoba. Estoy todavía en proceso de construcción de mi blog y desconozco si mi comentario te ha llegado al tuyo. Por esta razón, he decidido asegurarme y enviarte también mi poema por E-mail. Perdona si soy un poco pesado, pero para mí es importante que lo leas y que me des tu opinión, como especialista que eres en las artes amatorias.
Este poema fue escrito en el año 1.997, cuando yo era un estudiante de Segundo Curso de Bachillerato y estaba enamorado de una bella profesora de Valladolid, llamada Marta Sanz. Era un amor imposible de realizar, como es lógico, y fruto de la desesperación personal que yo sentía es este poema. Finalmente, cabe decir que este poema es solamente uno de los muchísimos que yo escribí por aquellas fechas, y que hoy sigo escribiendo, pero a una mujer distinta y joven que todavía no me ha correspondido. Te dejo con el poema.
Para mi querida Marta, a fecha de 14-II-1.997. Ciudad de Córdoba (España). Título del poema: “DESENGAÑO”:
“Dijiste en silencio que no hay nada, sólo con esquiva mirada,
y con ello me abriste los ojos para que me desengañara.
Pensar que creí ser el elegido de tu selecto corazón,
y ahora me privas tú de esta gran mentira de la que me alimentaba.
En tu ida, soledad sólo tengo por compañía, que no ofrece consuelo,
sino más que amargo acíbar en tu por siempre ausencia y lejanía.
Sin retorno escapas de mí a otro lugar, a otro mundo, a otra ciudad,
nada de ti seré más, pues me olvidarás, si no lo has hecho ya,
y tú indiferente, sin saber cómo hieres así a quien más te quería.
Felicidad hallarás allende de esta baja tierra banal
y allí tesoro será, de aquellas dichosas manos que la posean,
que tanto pesar me dan, porque no yo sino ellas te palparán
y de infinita pasión, de eterno placer hasta el fin te colmarán.
Si lágrimas, fruto del padecer de frustración e impotencia,
son inútiles, pues no volverás, no me conducirán a tu pedestal.
Si las horas no liberan mi mente de esta incesante tragedia
Y con más inclemencia, tras breves falsos instantes de libertad,
me devuelven a la más acusada tortura de la infelicidad,
y si todo ya carece de sentido y no hay meta por la que luchar …
Sólo queda una salida, la más fácil y triste de alcanzar,
la de huír de esta realidad para esperarte en el Cielo del Edén cuando llegues
y permanecer allí contigo, y esta vez de verdad y para siempre”.
Jose Jose 03/05/2008 a las 23:49

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